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La brecha digital





Con la distancia física como norma, todas las interfaces sociales están siendo rediseñadas.

 

El rol de la tecnología es protagonista central del mundo que viene. La brecha no es sólo digital, se trata de una multiplicidad de brechas y también, de la oportunidad de impulsar un propósito de regeneración de la vida comunitaria. 

 

 

En este contexto, la tecnología y la conectividad han tomado un rol más que preponderante como posibilitadores, mediadores y garantes de la comunicación entre las personas, del desempeño del trabajo y/o el estudio, de la continuidad de muchas rutinas, y del entretenimiento.

 

De acuerdo con un estudio propio con una muestra total país de 1000 casos, el 88% considera que la conexión a internet es un servicio de necesidad y 7 de cada 10 reconoce que no podría transitar ni haber transitado la cuarentena sin conexión a Internet. La caída de la conectividad equivale a caos, imposibilidad, parálisis, soledad, aislamiento. 

 

Nuestra existencia como humanos en este planeta es impensable sin tecnologías. ¿Cuál de las actividades que hacemos cotidianamente es posible sin recurrir al uso de alguna tecnología? ¿Despertarnos? ¿Bañarnos? ¿Desayunar?¿Ir al médico? ¿Viajar o conectarnos a nuestros trabajos? ¿Cobrar nuestros salarios? ¿Ir a la escuela o a la universidad? Sin mencionar cosas obvias, como ver una serie o película, participar en redes sociales, compartir fotos o leer noticias. Todas forman parte de una dimensión que es estrictamente humana: la dimensión tecnológica. No podemos pensarnos como seres humanos sin tecnología. 

 

La pandemia de COVID-19 marcó un cambio abrupto en nuestra relación con las tecnologías digitales. Con la irrupción del “todo-desde-casa”, pasaron a estar en todas nuestras actividades: desde comprar alimentos, conversar con familia, hacer las tareas escolares, festejar nuestros cumpleaños hasta recibir atención médica. Al mismo tiempo, este contexto volió más visibles y más pronunciadas las desigualdades en el acceso a las tecnologías. No nos referimos sólo al acceso a dispositivos (computadoras y teléfonos), sino también a las redes de conectividad y a los conocimientos necesarios para usarlas.

Para muchos sectores de la población la conectividad y el acceso a la tecnología sigue siendo una deuda pendiente o un servicio casi de lujo. En el escenario de pandemia, la “brecha digital” de la que hablamos hace tantos años se transformó en una multiplicidad de brechas nuevas, que afectó de manera más notoria a niños, mujeres, adultos mayores y poblaciones alejadas de los principales centros urbanos.

 

Pandemias y desigualdades en perspectiva histórica

 

Desde la Peste Negra hasta el COVID-19, las principales pandemias en la historia han tenido un rol fundamental en la transformación de las realidades políticas, sociales, económicas y hasta geográficas y geopolíticas de sus tiempos. Con la Gran Influenza de 1918, que comenzó en Estados Unidos, pasó a la Europa en guerra y se extendió a nivel mundial, datos de 43 países dan cuenta de la muerte de 39 millones de personas por la gripe, el 2% de la población mundial de aquel entonces.

Hoy la cantidad de infectados por COVID-19 ha superado los 10 millones de personas a nivel mundial, 27 millones de personas recuperadas y más de un millón de muertos. Económicamente, estamos asistiendo a la peor recesión en términos globales desde la Gran Depresión de 1930.

 

 

Ya en el siglo XXI, las principales epidemias como el SARS (2003), la H1N1 (2009), el MERS (2012), el Ebola (2014) y el Zika (2016) tendieron a incrementar las desigualdades en términos de ingreso y afectar las perspectivas de empleo de personas con bajo nivel educativo. Investigaciones de este año muestran cómo las epidemias desde inicios de este siglo fueron llevando a incrementos en el coeficiente de Gini, principal indicador actual para medir la desigualdad en los ingresos. Las pandemias conducen a un aumento persistente y significativo de la desigualdad, con efectos que perduran aún mucho después de que la crisis sanitaria haya pasado.

 

De la Brecha, a las múltiples brechas

 

En este contexto las tecnologías digitales se volvieron un bien necesario, con una extensión sin precedentes. 

 

Las tecnologías digitales se volvieron elementos facilitadores, posibilitando una mayor proximidad y cohesión social.

 

La pandemia transformó la brecha digital. Dio lugar a una multiplicidad de nuevas brechas: de género, de edad, geográficas, también escolares. Se han configurado nuevas y más profundas formas de “brecha digital”, entre quienes tienen acceso y capacidad de apropiación de las tecnologías digitales y quienes quedan excluidos.

 

 

Acciones frente a la pandemia

 

El 2020 fue disruptivo y aceleró las transformaciones tecnológicas que venían teniendo lugar en los últimos años. La brecha digital y las nuevas brechas emergentes afectan el acceso de las personas a oportunidades y la inclusión en sus comunidades. 

 

La digitalización como tendencia creciente y duradera llegó para quedarse. Las acciones de los Estados y de las marcas deben orientarse hacia la generación de respuestas en una agenda transformadora que nos acerque más, que permita construir sociedades más inclusivas y justas, donde la cooperación local y global sea el foco principal, procurando que las tecnologías digitales no dejen a nadie atrás, reduciendo las brechas entre quienes pueden acceder y quienes no, buscando nuevas oportunidades de vida en un paradigma más justo y sostenible con el propósito de regeneración de la vida comunitaria, de las relaciones interpersonales y de nuestro vínculo con el ecosistema.



Mariela Molciusky

CEO de Trendsity y Presidenta de SAIMO

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